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Hércules Poirot y la Crème de Cassis

Si hay algo que me gusta de los libros de Agatha Christie es que, si uno los lee lo suficiente, empieza a descubrir no sólo las mañas de sus personajes, sino también sus gustos. Que el famoso detective belga Hércules Poirot es narcisista es algo que se adivina desde la primera página de “Asesinato en el campo de golf” (1923), así como que Miss Marple es, palabras más palabras menos, una vieja chusma.

Sin embargo, no todos saben que el trago favorito de Poirot es la Crème de Cassis, un licor francés a base de grosellas negras, o que desdeña el té inglés y prefiere una taza de chocolate caliente antes de dormir.

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Lo interesante de estos datos, camuflados entre huellas de pisadas y manchas de sangre, es que por lo menos nos dejan adivinar el contexto cultural y gastronómico en el que vivió la autora. En “El hotel Bertram” (1965), hacen su aparición los pestiños y los pasteles de cabello de ángel. Los primeros son dulces españoles que se preparan durante Navidad o Semana Santa. Se trata de una masa de harina frita en aceite y pasada por miel. Los pasteles, en cambio, llevan su nombre en referencia al dulce que los rellena, que se prepara mediante la caramelización de fibras de diversas frutas.

En otro pasaje del mismo libro, la adorable Miss Marple disfruta de un clásico desayuno inglés: “Miss Marple pidió el desayuno. Té, huevos pasados por agua y bollos tiernos. Tan inglesa era la camarera que no mencionó los cereales ni el jugo de naranja. El desayuno llegó cinco minutos más tarde. Una excelente bandeja con una ventruda tetera, leche que casi parecía nata y una jarrita de plata con agua caliente. Dos hermosísimos huevos hervidos, pasados por agua del modo más conveniente y el tiempo exacto, servidos en sendas copitas de metal con tostadas. Un buen rollo de mantequilla. Mermelada, miel y jalea de fresas. Unos bollitos de aspecto delicioso, que olían a pan (el olor más apetecible del mundo). También había una manzana, una pera y un plátano.  Miss Marple insertó un cuchillo en un huevo con confianza. No se vio defraudada. Al instante apareció una yema muy amarilla, espesa y cremosa. ¡Huevos auténticos! Todo estaba bien. Era un verdadero desayuno (…)”.

Y ustedes, ¿conocen los gustos de sus personajes favoritos?