en Revuelto Gramajo

La verdad de la milanesa

-Probate esto que está buenísimo. Esto tiene amor. ¿Viste cuando algo está hecho con amor? Bueno, eso. ¿Me entendés lo que te quiero decir?

No, Mariano no entendía. Mientras Eduardo zarandeaba el tenedor cargado con arroz por toda la mesa, Mariano sonreía con paciencia. Eduardo era como un pibe, para él todo era desmesurado: los problemas, las minas, un plato de arroz con pollo.

-No me mirés así, boludo. Esto es como las milanesas de tu vieja tiene….tiene eso-y se quedó describiendo círculos en el aire con las manos para ilustrar mejor su opinión.

Esa noche, cuando Mariano llegó a su casa y Paula le dijo que había preparado milanesas para cenar, se acordó del comentario de Eduardo. Pero las milanesas de Paula no eran como las de su vieja. Las milanesas de Paula tenían los bordes quemados y el empanado se les caía a pedazos, como revoque viejo.

¿Cuándo se habían convertido en esa carne seca? ¿En qué momento pasaron de la sartén al horno? Quiso decir algo pero Paula estaba perdida en su celular. Esas milanesas no tenían amor y capaz, capaz que ellos dos tampoco.