en Comida Étnica

Ito dreams of sukiyaki

Los datos que teníamos de este antro en cuestión eran más bien escasos pero todos coincidían en que se comía de puta madre muy a pesar de Ito, el japonés ermitaño, misógino y antisemita que comanda la cocina. En esta ocasión el relato lo dejo en manos (o en la pluma) de mi amigo Max Carnage porque yo no lo podría haber descrito mejor. –

A causa del post de Clara Decicilia que publicó hace poco me entere de la existencia de este particular lugar, empecé a buscar algo de información y todo lo que leía al respecto me fascinaba cada vez más. Un octogenario japonés que te cocina en chancletas, eructa, tose, se enoja por todo y escucha Heavy metal en un viejo grabador me generaba más curiosidad que el exquisito y humilde menú que ofrecía.

Con la dupla Volt/Miraglia dispuestos a conocer este lugar y una reserva previa en la que fuimos avisados (advertidos quizás) que seríamos los únicos comensales, solo restaba vivir la experiencia.

La persiana baja, carteles escritos a mano en japonés amarillentos por el sol pegados en la vidriera y un salón desolado daban la bienvenida al lugar. Entramos con algo de dificultad por la pequeña abertura de la persiana y lo primero que se siente una vez dentro del lugar es un silencio ensordecedor, un silencio que solo un solitario hombre de 82 años de salud frágil, pero de espíritu inquebrantable puede soportar. Las luces apagadas salvo la que estaba sobre la única mesa preparada. Paredes bañadas de nostalgia, una vieja heladera en medio del salón, recortes de diarios argentinos y japoneses sobre el mostrador remarcados por la pluma de su dueño, el ventilador sobre nuestras cabezas exhalaba una brisa débil como si imitara los últimos suspiros de nuestro cansado Ito, y el silencio, ese silencio que se vio interrumpido con el sonido de una cerveza que Ito-san abrió sin preguntar y apoyo sobre la mesa.

0

Verlo te genera cierta pena, una simpatía triste que no podrías expresarle, porque Ito es un tipo duro y podría enojarse solo por el hecho de que sientas lástima por el, porque a pesar de que ese viejo vehículo llamado cuerpo le falla por todos lados su interior, su esencia, es fuerte, más fuerte que la de todos los que estábamos en aquella mesa, compadeciendolo en silencio quizás. Ito es un viejito, pero un viejito zorro, vivo, con mucha chispa a pesar de todo lo descrito anteriormente – Usted muy gordo, pagar doble- me dice soltando una sonrisa pícara con esa boca despoblada de dientes, – Si yo pago doble como el triple- le digo y nos reímos mientras baja un abundante plato de sashimi.

Pescado muy fresco cortado con maestria, Ito nos llena unos platitos con salsa de soja y nos invita a comer ese pescado que se deshace en la boca, tan simple, tan delicioso y a la vez furioso a causa de un wasabi extremadamente picante que lo acompañaba.

1

Antes de terminar las últimas piezas de pescado se acerca nuevamente a la mesa con un plato de Gyozas, formadas en perfectas filas como si fueran geishas a la espera de una orden del emperador, huelen demasiado bien como para esperar, también están calientes y haberlas engullido de un solo bocado quema el paladar, sin embargo en medio de ese quemazón uno logra divisar que esta comiendo algo sublime, sabroso y delicioso como nunca había probado (al menos yo) y no puedo evitar pensar en mis interiores que son empanadas del Perón Perón hechas en Japón. No son suficientes, al menos no por una cuestión de gula, sinceramente tu cuerpo está disfrutando eso y te pide que sigas, que no te detengas, pero duran poco y las extrañas antes de decirles adiós. Mientras tanto en la cocina se lo oye a Ito tosiendo y eructando, entre otros sonidos corporales inenarrables.

2

La cerveza nos muestra su fondo y pedimos otra más, Ito-san se acerca con un plato de vegetales y carne cortada, enciende un viejo anafe que esta sobre la mesa y coloca una especie de olla baja de acero sobre el fuego, la engrasa y empieza a poner de a poco los ingredientes, carne, akusay, shitakes y tofu, baña todo con un caldo industrial que sale de una colorida botella, si bien este caldo ya tiene los sabores básicos los demás ingredientes le van aportando nuevos sabores a medida que se cocinan. Ito mira el centro de la olla mientras revuelve, parece que en el torbellino de caldo pudiese ver el pasado, el presente y el futuro, y por lo que se le puede llegar a entender lo que ve no es muy alentador.

3 4

Nos entrega un huevo de campo a cada uno y un cuenco donde nos indica que debemos romperlo, nos invita a servirnos de la olla, de repente grita ¡Comé bien Boludo! A uno de los comensales que tenia problemas para agarrar un trozo de carne con los hashi, todos reímos, incluso Ito, a pesar de todas sus aflicciones se lo nota contento.

El sukiyaki es un éxito, realmente delicioso, Ito sigue agregando carne y termina con unos fideos gruesos que había olvidado añadir. En todo momento esta en la mesa, parado revolviendo el guiso, contando de su trágica vida, política, amores, mundo, sociedad incluso su propia nación son despedazadas por las palabras de Ito, no podría asegurar que esta enojado, pienso que la vida lo defraudó, se siente decepcionado y lo comprendo.

La olla queda vacía, con un fondo que pide a gritos un “fare la scarpetta”, incluso inclinarla sobre nuestros labios para beber esos jugos sabrosos, pero nos contenemos para no hacer enojar a Gojira que tan bien nos trató.

Ito levanta los platos, limpia la mesa y nos alcanza unas galletitas de jengibre muy ricas, unas copitas de sake y la cuenta, se esconde tras el mostrador y comienza a elongar y masajearse, se lo nota exhausto.

Ito tuvo muchos golpes en la vida, te vas enterando a lo largo de la cena, y es como si ese hombre estuviese pagando su cuenta con el purgatorio en vida. Le pido una foto y se niega – Yo ya estoy muerto- se excusa, le digo que voy a volver y que me voy a sacar una foto con él, insiste nuevamente – No venga, en dos semanas estoy muerto, estoy muy enfermo- dice y en cierto modo creo que es una especie de discurso más allá de que a Ito mucho no le importan las cosas banales como la vida.

Sukiyaki habrá tenido su época dorada, el salón seguramente relucía y tenían una carta donde elegir lo que comer, pero hoy Ito ya no puede levantar la persiana, ni renegar con empleados ineptos, redujo su restaurant a solo unos cuantos platos ejecutados perfectamente y a un puñado de comensales que pagan las cuentas del día, sin embargo esta etapa decadente de lo que habrá sido Sukiyaki es una muy linda experiencia por conocer.

A pesar de que uno siente cierta compasión por él no deberías hacerlo, Ito es un samurai y todo lo que necesita un samurai es morir con honor.

Agrego data que desvirtúa el relato pero que facilita la búsqueda de información para quien quiera ir:
Sukiyaki queda en Pasaje San Lorenzo 304, San Telmo. Reservas: 01143618805.
Precio Aproximado: $450 por persona dependiendo el humor de Ito.

Dejá tu Gordomentario

Comentario

  1. Ya me dio hambre… Todo se ve delicioso y el relato me encanto, aunque no me quedo claro quien lo narra. Magnífico

  2. Magnífico relato! Clap-clap-clap, para el sujeto Max C. (aclaración para la dama de arriba)
    …yo ya estoy muerto : genial! (el tipo de humor que me agrada)
    Más que hambre, me dio curiosidad por conocer al sujeto y jugar a hacerlo enojar…
    Gente interesante los orientales, y si no, escuchad :
    https://www.youtube.com/watch?v=8sYx7v7MSgY
    es vietnamita o casi…

    • Sus narraciones son maravillosas. Lamentablemente solo publica en FB, espero que en breve comience su propio blog.

      Un abrazo oriental!