en Uncategorized

La pantagruélica picada del Café de García

Resulta que ayer aproveché para estrenar uno de los regalos que me trajo Papá Noel. ¿Medias? ¿Bombachas rosas? No, de ninguna manera: el libro de Bodegones de Buenos Aires de Pietro Sorba, edición 2014.

Habiendo 79 (¡setenta y nueve!) opciones para degustar, elegir el punto de partida de este Dakar gastronómico perfilaba complicado hasta que recalé en la página 194 y me topé con la palabra del millón: Pantagruélica. Objetivamente hablando, con esa definición no podía fallar. ¿A qué hacía referencia? A la picada del Café de García (Sanabria 3302, Villa Devoto).

Fundado en 1937, el local compone un bodegón con todas las letras: jamones colgando del techo, mesas de billar y mozos de los de antes, que te recitan la carta sin repetir y sin soplar. La picada en cuestión que caracteriza al Café se sirve jueves, viernes y sábados por la noche y cuenta con la módica  suma de 26 componentes que se despachan en tandas preestablecidas.

1

Las primeras en llegar a la mesa fueron unas tartaletas de queso azul, unas escamas de Reggianito con oliva y pimienta y una fuente de papas fritas crocantes recién sacadas de la freidora.

4

Enseguida siguieron las aceitunas negras condimentadas, los pickles, las aceitunas verdes rellenas con morrón y anchoas y los porotos de Pallares.

5 6

En el tercer round nos atacó un Vitel Toné, pionono relleno, strudel de verdura, berenjenas en escabeche, morrón asado y una reposición de las fritas.

9 8 7 11 10 12

Más tarde se materializaron las albóndigas, las empanadas de carne, la cazuela de calamares y las salchichas caramelizadas. Oficialmente esta fue mi ronda favorita.

13 14

Aunque a esa altura uno se siente tentado a tirar la toalla (o, mejor dicho, la servilleta) hay que hacer lugar para la los buñuelos de pescado, las croquetas de verdura (sublimes!) y la mini pascualina.

18 17 16 15

Finalmente, la picada propiamente dicha culmina con un escabeche de pescado, otra ronda más de papas fritas y un surtido de fiambres que incluye jamón crudo, matambre, mortadela, salame, longaniza, jamón cocido y leberwurst.

Para el postre se puede elegir entre varias opciones: flan, espumante con helado de limón, peras al vino tinto, entre otros. Yo opté por unos profiteroles rellenos con helado y bañados en chocolate (porque el helado es digestivo) y mis acompañantes por un almendrado.

Para cerrar la noche se ofrece una copa de espumante con pan dulce, almendras y turrón.

24

No dejen de ir con la familia y amigos. Brinden, disfruten y sean felices. La picada cuesta $185 por barba. No incluye bebidas. Reservas al 4501-5912.

Dejá tu Gordomentario

Comentario

18 Comentarios

  1. Ahijuna con la lobuna!!
    Cómo dice el bueno de Ney Matogrosso: inclassificáveis!!!
    Bien por Papá Noel y mucho mejor por la lobuna.
    Que tengas un muy buen 2015 y que seas feliz ( de a ratos, nomás)

    • Un hermoso 2015 para vos también, Robert! Espero que comas mucho y que brindes aún más. Gracias por acompañarme en cada post :)

  2. El otro día fui a ver Titanic. No la pude ver. Entré al cine y todo, pero la gente estaba muy exaltada. Hizo furor, esa película, y no sé, en la sala había mucha gente que gritaba, y no se aguantaba la ansiedad, y es raro, porque es una película que aunque no la haya visto, todo el mundo sabe cómo termina, pero igual, en el cine había una barahúnda impresionante y yo empecé a pedirle a alguna gente que no gritara, y una mujer me dijo “¡shhh!” y otro tipo desde atrás gritó “¡Basta, cállense!” y otro le contestó “¿Se puede saber por qué no se calla?”. Y yo le dije “¡shhh!” y alguien desde algún lado me gritó “¡silencio!”, y una mujer le dijo “pide silencio y está gritando”, y yo le dije a la mujer “shhhhhhhhhhh” y otro tipo desde adelante me dijo “cállese, parece una gallina” y el que estaba al lado le dijo que se callara la boca y otro tipo le dijo a ése “y usté por qué no predica con el ejemplo”. Y una mujer con voz angustiosa preguntó “¿se pueden callar, por favor?”, y su vecino de asiento enseguida le dijo “¡shhht!” y ella le preguntó “shhht qué” y él le dijo “que se calle” y ella le preguntó “¿yo me tengo que callar? ¿y usté no?. “Se callan los dos” dijo otro tipo. “Perdón: los tres”, dijo otro que también se metió. Y otro más dijo “sigan, sigan hablando, nomás; total…”. “¡No me dejan escuchar!”, dijo otro. “usté tampoco a mí”, le contestó una mujer. “La conversación no llegó al baño para que salten los soretes”, dijo otra. Y el compañero de la primera mujer la salió a defender y fue adonde estaba la otra porque la quería insultar, pero entonces la reconoció y le dijo “¡Olga! ¡Qué hacés acá!” y ella le dijo “¡vos, qué hacés acá, que me dijiste que hoy tenías horas extras en el trabajo, ¿y quién es ésa que está ahí contigo?!”. Y otra tipa desde otro asiento dijo “¡terminen con esa telenovela estúpida! ¡yo vine a ver la película!”. “Entonces, si viniste a ver la película, por qué no te callás”, le contestó otra voz. “¡Termínenla de una vez!”, dijo otro tipo, y empezó a grito pelado a llamar al acomodador. Otro le dijo “callate, ¿no ves que con esos gritos no dejás escuchar nada?”, y el otro le contestó “estoy llamando al portero para que haga callar a la gente como vos”. “Si viene el portero, le voy a pedir que los eche a los dos”, dijo una mujer. “¡Chitón!”, gritó otro tipo. “¿Chitón?”, preguntó otro, “qué te creés que viniste a ver, ¿George de la Selva?”. “¡Basta, ¿no ven que si siguen así van a suspender la función?!”, gritó otra mujer. “Yo pagué mi entrada”, dijo un tipo, “no pueden suspender la función”. “¡Que nos devuelvan la plata!”, gritó otro tipo. Y una tipa le dijo “le van a devolver la plata sólo a los que se portaron bien. A los que molestaban, como usté, no les van a dar nada”. “Y a vos te van a cobrar multa por hablar”, le contestó él. “Y a vos te van a sacar de culo”, dijo otra voz por ahí. “Vení a decírmelo acá”, gritó el otro. “¿Por qué no se van a pelear afuera y nos dejan a nosotros mirar la película en paz?”, protestó otro. “Vos metete en lo tuyo”, le contestaron. Y otro dijo “si todos se callaran , estaríamos disfrutando de un excelente espectáculo”. A éste otro le contestó “si se hubiera abstenido de decir esa boludez, usté habría hecho una contribución importante al silencio de la sala”. Y otro le preguntó “¿por qué no mira la viga que hay en su ojo en vez de mirar la paja en el ojo ajeno?”. “¡Callate, pajero!”, le gritaron a éste. Y así siguió la cosa todo el tiempo que duró la película. Cuando terminó, me fui a casa frustrado pero prendí la tele y por suerte recién empezaba –y lo pude ver entero– mi programa preferido: El Crucero del Amor.
    L.M.

    • “¿por qué no mira la viga que hay en su ojo en vez de mirar la paja en el ojo ajeno?”. “¡Callate, pajero!”, le gritaron a éste.”

      Risa física!!! Maravilloso, Robert. Quiero más anécdotas de estas por aquí 😉

      • Lo pedís…lo tenés
        El ómnibus se detuvo en el kilómetro doscientos once. Marisa bajó y el chofer también, para entregarle su equipaje. Cuando el ómnibus retomó su marcha Marisa empezó a caminar. Eran parajes de tierras rojizas. Ignoro por qué tenían este color; en verdad no sé nada de geología.
        Marisa caminó un par de kilómetros y se sentó a descansar sobre su equipaje. Ignoro si hacía calor o frío porque no sé nada de meteorología (además yo no estaba allí). Marisa quería levantarse y seguir su camino, pero tenía dolores en la pelvis. Nada puedo decir, por desgracia, sobre el origen de estos dolores, porque carezco de los más elementales conocimientos de ginecología.
        Mariza hizo acopio de fuerzas y se levantó. Para orientarse mejor sacó de su bolso unos binoculares (o quizá fuera un catalejo; no sé nada sobre instrumentos ópticos) y echó una ojeada a los confines de su visibilidad. Avistó una figura humana, mosqueando en el horizonte. Caminó hacia ella. La figura caminaba a su vez hacia Marisa. Esto es lo que creo, aunque no me respalda en ello ningún conocimiento de geometría.
        Unos minutos después la figura se hizo reconocible para Marisa. Era un hombre. Andaba casi desnudo y estaba peinado y maquillado con arreglo a las normas vigentes en el grupo humano, tribu, clan o a lo que fuera que él pertenecía. No quiero dar detalles sobre esto por miedo a meter la pata, ya que no sé absolutamente nada de antropología.
        Cuando lo tuvo cerca, Marisa sacó su cámara fotográfica. Creo que se puso a regular el fotómetro, y no sé cuántas cosas más. Marisa era una excelente fotógrafa, pero yo no solamente no lo soy sino que no tengo la más puta idea de cómo se saca una foto. Parece que aquel hombre tampoco la tenía, porque cuando vio el artefacto se asustó. Se acercó a Marisa y le arrancó la cámara de las manos. No conforme con esto, le arrancó también la ropa y —ya con más delicadeza— se sacó él mismo la poca que traía puesta.
        Entonces ocurrió algo que que me veo incapacitado de describir, quizá por falta de experiencia personal en la materia. No sé nada sobre sexo, y creo que por ahí corría el asunto. (Perdón si en algún momento me expreso de forma confusa o incorrecta; es que no sé nada de gramática.) En verdad la única disciplina que domino es la literatura. Sinceramente, creo que sé más que nadie en esta materia. Pero ya no puedo escribir más, lo siento. Mi falta de formación en otras disciplinas me lo impide, interponiéndose constantemente entre mi pluma y mis lectores. Esta traba merecería de mi parte, sin duda, un profundo estudio, pero yo no lo puedo hacer porque no sé nada de epistemología.
        Sólo me queda entonces decir adiós, y gracias (no sé si corresponde despedirme así; perdón, pero es que no sé nada sobre modales).
        L.M.

        • Jajajjaja. Me hiciste reír mucho, Robert. Que placer empezar así el lunes. Espero que sigas escribiendo y compartiéndo(me) tus textos.

          Un abrazo enorme.

  3. Noooo!! mi muy estimada Noelia. Yo escribo…pero ni remotamente me le acerco al autor
    a quien cito al final: L.M. (autor, que tuve el placer de conocer y entablar una conversa inolvidable para mí! Para él, absolutamente olvidable.)
    Le dejo el interrogante para que lo averigue, pero es muy fácil. Va un dato determinante-esclarecedor: supo encontrar lo que había perdido Silvio Rodriguez…

  4. Falta aún, pero para terminar bien el lunes…
    Leticio vivía desde hacía diez años con su mujer, a la que amaba con la misma intensidad que el primer día, o quizás todavía más, y con su suegra, a la que detestaba también con la misma intensidad con la que la había venido detestando todos esos años, o incluso más. La única razón por la que no la echaba de la casa, o no tomaba alguna medida más drástica, como hervirla en aceite o tirarla por el balcón cuando pasara el camión de la basura, era el amor que sentía por su mujer, para quien albergar consigo a su pobre madre enferma constituía un deber ineludible. Además, como el matrimonio, pese a haberlo deseado con fervor, no había logrado tener hijos, la mujer, que por otra parte no trabajaba, dedicaba todo su tiempo a cuidar de su progenitora.
    Pero un día las cosas amagaron cambiar radicalmente.
    Leticio llegó a su casa, después de una ardua jornada de trabajo, y su mujer lo recibió diciéndole que tenía para darle dos noticias, una buena y una mala.
    —Voy a empezar por la mala —dijo—. Leticio: esta tarde murió mamá.
    Leticio corrió al dormitorio de la vieja y vio que, efectivamente, había quedado dura. Entonces corrió a poner un disco de rock pesado y se puso a bailar frenéticamente, gritando:
    —¡Qué bueno! ¡Si ésa es la mala noticia, lo que debe ser la buena!
    —La buena —le dijo su mujer— es que voy a ser mamá.
    Leticio volvió a saltar de alegría. Hacía diez años que venía deseando tener un niño que alegrara el hogar, y ahora, sin la vieja que escorchara todo el día, ese hogar iba a transformarse en un verdadero paraíso.
    Pues bien, al día siguiente, después del entierro de su suegra, Leticio se fue a trabajar, y cuando salió, antes de volver a su casa, fue a comprar ropa de bebé, para levantar el ánimo de su esposa. Pero cuando llegó a la casa y se dirigió al dormitorio, donde creyó que encontraría a su mujer, encontró que la que estaba esperándolo era la vieja, su suegra. Y estaba viva. Él pegó un grito de horror, y entonces la vieja le dijo:
    —¡Leticio, qué te pasa! Soy yo, ¿no me reconocés? Soy tu esposa. Yo te dije, ¿no te acordás? Te dije que iba a ser mamá, y no pensé que sucediera tan pronto, pero sí, sucedió, Leticio, ¡soy mamá!

    • Robert,

      Quiero que sepa que hace ya 7 días que me rompo la cabeza intentando descifrar de qué escritor se trata. Caí en las garras del Google y busqué por las iniciales del autor, intenté con “Unicornio Azul” y combinaciones varias. No hay caso. Le pido por favor me desasne! De quién se trata???

  5. Miraglia, estoy tentada de comerme tus fotos, con cuantos degustaste semejante cantidad de platos?
    Adoro los cuentos agregados por Roberto.
    Beso

    • Llegué hasta el final sin poder respirar, Belén! Es una buena salida para hacer con el grupo de A la mesa, no?

  6. Picada miserable de mala calidad. Platos incomibles recalentados. Fiambres secos y fetitas cortadas transparentes . Todo 1 por persona y traen un platito cada 20 minutos. Cuando uno espera que empiece la picada traen una fetita de pan dulce por persona cortada con máquina de fiambre y un chupito de sidra. Verguenza ajena y un robo. Carísimo 3 personas $ 1200 y de ahi nos fuimos a la pizzería más cercana. Una estafa que no podemos comprender. No entrar ni por equivocación.

  7. Miserable picada carísima . No recomendsble. Publiquen y no lo borren como el anterior. Saludos.

    • No lo borre Juan Carlos, hace bocha que no entro al blog y tu comentario estaba pendiente de aprobación. Ya lo podés leer en la página. Saludos.