en Revuelto Gramajo

Las albóndigas del Yamile

A sus 58 años Emilia Basil se había cansado de su amante. La turca, con sus vestidos largos y sus lentes para la miopía no parecía una mujer amenazante, pero ese día enlazó el cuello de José Petriella con una piola de nylon y apretó fuerte hasta que el tano dejó de respirar.
 
Algunos dicen que se trataba una relación consensuada y otros tantos afirman que Petriella acosaba a Emilia cuando su marido se iba a trabajar. Lo cierto es que alejarse de Petriella no era una opción para Emilia: el tano le había vendido el local en el que se encontraba su restaurante – “Yamile”- y todavía le debía varias cuotas para saldar la deuda.
 
Oriunda del Líbano, Emilia deleitaba a sus clientes con keppe, tabule, guisos y pucheros, pero en los días que siguieron a la muerte de El Tano en el menú abundaron las albóndigas y las empanadas: después de trabajar años despostando medias reses en un frigorífico, un italiano gordo de 60 años no le hacía mucha diferencia.
 
Curiosamente, no fue un cliente descontento el que destapó la olla, sino una huelga de recolectores de residuos. Emilia había utilizado las partes más carnosas del cuerpo para cocinar, pero el resto lo había tirado a la basura. El calor del verano sumado a los fuertes olores que desprendían las bolsas de residuos olvidadas por varios días despertaron suspicacias entre los vecinos y, finalmente, Emilia confesó el asesinato.
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Ya pasaron 45 años de ese crimen del que leí por primera vez en un libro de Enrique Sdrech. Estoy en la oficina y llega de visita un “histórico” de la empresa. Antonio lleva 50 años laburando en obras de infraestructura y es de esos tipos te presupuestan un gasoducto en el aire, viajó por todo el país por su trabajo y está lleno de historias para contar. Como había estado con problemas de salud, llevaba varios meses de tratamientos surtidos.
 
-Mirá, si sobreviviste a las albóndigas podés sobrevivir a cualquier cosa-lo chicanea la secretaria.
 
-Qué albóndigas? -Pregunté pensando en alguna intoxicación reciente. Casi me caigo de la silla cuando me doy cuenta de que lo que Antonio empieza a relatarme es la historia del restaurante Yamile.
 
En esa época era un pibe y laburaba con una cuadrilla de SEGBA a un par de cuadras del restaurante. La turca, asegura, no sólo cocinaba muy bien sino que encima cobraba barato. “Es como si te dijera que comíamos afuera por dos pesos”. Tiene recuerdos de haber preguntado por El Tano, quien solía pasearse por el restaurante, y de Emilia contestando que se había ido a su país, a visitar a su familia.
 
Al final, después de dejar en vilo a media oficina me animé y le pregunté:
 
-Antonio…estaban buenas las albóndigas?
 
-Estaban buenísimas!!!

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Comentario

  1. Mujeres asesinas…tiene un capítulo con matices distintos pero la misma historia. ( tremenda actuación de Cristina Banegas! )
    Fritas, al horno y en salsa son todas variantes que abuela y madre preparaban.
    Pero me quedo con albondigón ( el papá de la albóndiga) al horno con papas y ajo/cebolla. Novios y amantes fogosos: abstenerse.
    Abrazo Noe . Lo mejor para usted en este 2019 …que ya se nos va…

    • Abrazo de corazón Robert. Lo mejor para vos. Gracias por acompañarme a la distancia todos estos años aunque tengo el blog bastante abandonado.