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Zapallos en almíbar y Brunch en La Alacena

Desde que tengo uso de razón mi viejo se queja de 2 cosas, a saber:

1-Los tomates ya no son lo que eran.

2-Nadie hace los zapallos en almíbar como los hacía su tía Lena.

En realidad tiene muchas más quejas pero a los fines de este espacio solo nos interesan las gastronómicas. Hoy quiero profundizar en el tema de los zapallos en cuestión y, para ello, les comparto el testimonio de mi señor padre.

“Mi tía Elena -La Lena- era una vieja de mierda de esas que no quieren a nadie, pero amasaba la mejor pizza del mundo y hacía unos zapallos en almíbar incomparables.  Lena cortaba los zapallos en cubos y los trataba con cal de córdoba, el resultado era unos zapallos crocantes por fuera e increíblemente tiernos por dentro. Cuando uno los mordía, explotaban en la boca”.

Yo nunca entendí la razón de ser de los zapallos en almíbar. Es un sabor de otra generación con el que no me puedo relacionar, como los bombones de higo y la suprema Maryland; pero para mi viejo los zapallos hablan de su infancia y de su familia.

El fin de semana pasado almorcé con amigas en La Alacena. Hace rato que venía escuchado hablar de esta esquina de Palermo que, con sus sabores mediterráneos, se ha ganado los elogios de varios cocineros. Pedimos el brunch que por $250 ofrece café, jugo de naranja, un tostón de palta, espinaca y huevo de campo, croissant de jamón y queso y yogurt con granola… y zapallos en almíbar.

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Mi primera reacción cuando vi los cubos de zapallo flotando en el yogurt fue “¿Qué necesidad?” pero cuando los probé -porque cómo sabés que no te gusta si no lo probaste-  me encontré con esa costra crocante de la que me hablaba mi viejo. Los zapallos eran como caramelos que se deshacían en la boca. Dulces, jugosos, consistentes, todo a la vez. Por suerte en La Alacena venden sus conservas para llevar así que le compré un frasco a papá y se emocionó una bocha al comprobar que los benditos zapallos eran tan ricos como los de su tía.

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Dando por finalizado el tema de las cucurbitáceas, les comento que el tostón estaba buenísimo. El huevo de campo era particularmente rico, con una yema que pedía pan a gritos. El yogurt con granola también era muy bueno: casero, de textura casi líquida y con la acidez justa.  Lo único que no me conquistó fue el croissant, estaba secote y le faltaba más jamón y queso.

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También probé una burrata con tomates asados que era una locura y una fainá con queso y verduritas. Me encanta encontrarme con fainá en las cartas de los restaurantes, me parece una opción copada para una entrada y se le puede dar varias vueltas de tuerca según con qué se la acompañe.

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De bonus, me llevé dos tarteletas para merendar con una amiga. La primera de mousse de chocolate y sal maldón y la segunda de banana y crema, ambas deliciosas. La masa de las tartas era de un hojaldre muy finito, acá entre nos hubiese preferido una sablée pero es cuestión de gustos.

Les recuerdo que el brunch estaba a $250 pero lamentablemente les debo el resto de los precios porque tiré el ticket, de todas formas son más que correctos.

La Alacena queda en Gascon 1401, esquina Honduras (Palermo) y abre de lunes a sábados, de 9 a 19 hs. Tel.: 4867-2549.

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Comentario

  1. Lo entiendo a su padre mi estimada amiga. Tenemos sabores/olores/recuerdos que nos llevan a momentos de felicidad (relacionados con la comida) . Mi madre hacía lo mismo, pero con el mamón (idéntica receta con la cal …).
    Coincido con el diagnóstico de los tomates, hoy los cherry salvan las papas?

    • Si, en mi opinión los cherrys son los más aceptables de la familia tomatense. Hay unos amarillos súper dulces que son excelentes.
      Que rico que debe quedar con el mamón!